Hoy tuve un sueño más que interesante. Es cierto que esta última semana gracias al frío dormí estupendamente. Como mis sueños no tienen mucha ilación y los voy modificando a veces a demasiada velocidad, puedo afirmar que soñé en primer término con una inundación, un toro que aparentemente era algo así como la encarnación del diablo, salvo que cuando se acercó a mí en esa gran ola en la que barrenaba sólo se limitó a morderme el dedo meñique de mi mano derecha, y ni siquiera con demasiada crueldad, así que me pareció que el toro no era taaaaaaan salvaje como se veía desde esa gran ola que seguramente estaba destruyendo toda la ciudad, porque era realmente grande, la ola.
Pero seguramente me aburrí de la ola, y del toro, y seguramente lo hice después de que me mordiera por segunda vez el dedo meñique de mi mano derecha y de que nuevamente esto no me provocara más que una leve molestia. Así que convertí mi sueño en una reunión, que se estaría llevando a cabo en mi casa, en el comedor. Saben todos que no hago reuniones en mi casa y menos aún en el comedor. Pero así pasaba en mi sueño, y esto ya de por sí me hacía sentir bastante incómodo.
Estaban en el comedor unas personas conocidas del pasado, del presente, más o menos de mi edad. Les ofrecí café y me di cuenta que los vasos estaban sucios. En realidad lo noté cuando me fui a servir un café para mí en un vaso plástico. Algo que seguramente me dio cierto asco, y me hizo pensar quién fue el hijo de mil putas que guardó el vaso sucio. También me hizo pensar que probablemente les había ofrecido café a mis invitados en vasos igualmente sucios, pero preferí creer que no, que de ser así le habría notado.
Después noté que había torta, que estábamos escuchando un partido que Boca perdía dos a cero y que habían hecho un gol para achicar la diferencia. Alguien se cortó un pedazo de torta, entonces ofrecí al resto si también querían, quienes habrían dicho que sí. Entonces me levanté a buscar platos y para mi asombro todos estaban guardados y sucios, como con restos de torta, como si alguien los hubiera usado para comer torta y luego los hubiera guardado así, con restos de bizcochuelo y azúcar. Y era una pila como de diez platos, y estaban todos igualmente sucios, lo que francamente empezó a llamarme la atención. Y otra vez estaba a punto de cambiar de sueño como cuando ese toro sólo me mordió un dedo, y me dije, fede, estás otra vez yéndote por las ramas, olvidate de los putos platos y concentrate en la fiesta. Así que vi que había muchos platos apilados sobre la mesada, sin lavar, y mucha gente en el comedor, y me estaba empezando a impacientar, y a sentir la necesidad de mandar el sueño a la mierda. Y lo habría hecho, de no ser que entre los invitados estaba ella. Prolongaba el sueño sólo para verla.
Recuerdo que cuando les ofrecí torta y me levanté a buscar los platos, ella me dijo:
"También me gustaría un té"
Y entonces escuché el segundo gol de boca.